Y perdimos nomás. Razones hay unas cuantas. No faltarán los que quieran pasar las facturas correspondientes. Algunos se sentirán con el derecho de hacerlo. Pero la primera boleta hay que extenderla a nombre propio. Porque aquí no hay un solo responsable. Ni dos. Ni tres. Somos muchos. Algunos más que otros, pero a todos, al fin y al cabo, nos cabe una cuota en la socialización de la derrota.
Dicen que la Concertación no supo escuchar la voz del pueblo. Que las estructuras se agotaron, igual que la energía y la creatividad. Que se acabó la lógica del servicio a las personas. Que se cometieron errores. Que la corrupción se apoderó del alma de unos cuantos. Que el candidato no era el mejor y que la campaña no fue bien pensada. Todo eso puede ser. Y puede que sea más todavía.
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