La niebla dijo no y el sol pasó.
El árbol dijo no y el sol pasó.
La muerte dijo no y el sol
...¿Qué paso con el sol?
Es curioso. La única certeza absoluta que tenemos a lo largo de nuestra vida es que un día debemos dejar este mundo.
Sin embargo, nunca estamos preparados para enfrentar la partida de un ser querido.
Llegado el momento nos resistimos.
Queremos prolongar la vida de ese ser…y como no podemos, nos quedamos mudos y la pena nos inmoviliza.
Nos gustaría que los nuestros vivieran para siempre, y no nos dejaran solos.
El caso es que no nos quedamos solos.
Sólo cambiamos.
Filomena dejó este mundo hace una semana. Seguro está en un mejor lugar.
Fue una mujer fuerte. Crió hijos y nietos. Tuvo una buena vida. En sus últimos años, luchó para seguir aferrada a este mundo. Hasta que sus fuerzas se acabaron.
Hizo cosas muy buenas y también cometió errores, igual como lo hacemos nosotros y lo harán los que nos sigan.
Porque la perfección es tal vez una cuestión divina, pero claramente no es humana.
Filomena era mi abuela. Vivió 94 años. Cada una de sus obras y cada una de sus palabras contribuyó a moldear lo que soy.
Con su partida de este mundo, algo de cada uno en nuestra familia se fue. Pero algo de ella, algo de su ser, se quedó para siempre con nosotros.
Entonces, no nos quedamos solos. Algo de su ser se quedará siempre acompañándonos.
Ella hizo su parte, y lo hizo lo mejor que supo y lo mejor que pudo. Hoy sólo nos resta agradecérselo.










