Bitácora del capitán Spiff. 7.30 AM. Vuelo TAM Sao Paulo-Curitiba. 23 de enero de 2008. El aeropuerto internacional de Guarulhos, en Sao Paulo, tiene una bien merecida mala fama.
Una fila de 500 personas que esperan timbrar su pasaporte –tarea que está a cargo de tres funcionarios de inmigración- dan la bienvenida al terminal aéreo de una de las ciudades más grandes del mundo.
Ni los fabulosos murales del pernambucano Romero Britto que adornar las murallas del terminal aereo fueron capaces de cambiar en estado de ánimo del suscrito que, después de dos horas en inmigración, llegó al counter de TAM sólo para comprobar con desolación que el vuelo de combinación a Curitiba ya estaba cerrado.
Eran ya las 10 de la noche. A las 9 de la mañana del día siguiente debía estar en Curitiba. No había más vuelos a la capital de Paraná. Los reclamos abundaban. Las sugerencias de resignación por parte de TAM, también.
Finalmente, y tras un buen rato de tramitaje interno, Lan ofreció la solución que parecía más razonable a esa hora de la noche. Cena y alojamiento en Sao Paulo –por cuenta de la línea aérea-, y pasajes a las 6.57 AM del día siguiente a Curitiba.
Era ya cerca de la medianoche. Como había que estar en el aeropuerto de Congonhas una hora antes del vuelo –las 5.57- y el hotel estaba a casi una hora del aeropuerto -4.57-, la hora de levantada, inevitablemente, debía rondar las 4 y 30. Ahí dejó de ser razonable la solución, pero la asumí en silencio, sabiendo que podía ser peor.
Peor fue hace unos 4 años, cuando en el mismo aeropuerto de Guarulhos, la Receita Federal retuvo una caja con folletería que llevábamos a una feria de turismo y desarrollo urbano en Sao Paulo.
Fueron varios días de peregrinaje por terminales de carga, oficinas administrativas y hasta por una notaría, para conseguir que la dichosa caja nos fuera entregada y no incinerada en algún oscuro rincón de la aduana brasileña. Esos trámites y unos 700 mil pesos que, afortunadamente, no pagué yo. No es, en todo caso, ni el más importante ni el mejor de los recuerdos de esa pasada por Sao Paulo, pero esa es otra historia.










