Harto rato sin desparramar ideas y palabras –aunque dispersas- en el blog. La moda de las redes sociales, con su agobiante inmediatez, relegó estos espacios a un plano secundario. La economía de tiempo y de contenidos está ganando, una vez más, la pelea.
Puede ser que, a fin de cuentas, tengan mayor valor los 140 caracteres concisos de un tweet que las mil 200 letras vagas de un post. Creo que punto es discutible. Porque no siempre aflora alguna frase con sentido entre tanto piar insulso. Mucho pájaro en un mismo nido común intentando clamar, o reclamar según sea el caso, por lo propio.
Tentadora oportunidad para el parloteo rápido la de "tuitear".Miles de monólogos enlazados por el aparente afán de socialización de las redes en las que todos caemos.
Por ahora, -y obedeciendo a una condición que asumo no será eterna y de la que, por tanto, espero salir más temprano que tarde- me quedo con las palabras del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro en La tentación del Fracaso. “Debo hacer lo único que sé hacer más o menos bien, lo que me agrada hacer y lo que otros no pueden hacer en mi lugar: Escribir mis historias boludas o sutiles, hasta reventar”.
Seguiré entonces, en la medida de lo posible, usando el blog. Y colgando los contenidos en twitter. (@manuelgallardo, por si algun@ se anima a seguirme)











