La modernización política

 

Por estos días, el Gobierno está ingresando al Congreso dos proyectos de ley sobre iniciativas que, de seguro, despertarán polémica y darán que hablar en las próximas semanas. ¿Es esta la "pata política" de las reformas del Estado? Quien sabe.

Uno de los dos proyectos en ciernes es el que, en principio, borra de la Constitución el párrafo que establece que la Cámara Baja estará conformada por 120 diputados. El otro, busca legalizar la orden de partido entre los parlamentarios de cada tienda política.

El primer proyecto constituiría de la puerta de entrada para una legislación que permita aumentar a 150 el número de parlamentarios. 

La idea es que, al aumentar los cupos, aquellos partidos minoritarios que se mueven en los extralímites de los dos grandes conglomerados políticos del país tengan la posibilidad de contar con representantes en el poder legislativo.

Cualquier partido que logre más del 5 por ciento del total de la votación en una elección parlamentaria tendría derecho a instalar 2 ó 3 diputados en la cámara.

A ello se sumarían 6 nuevas circunscripciones, lo que permitiría elegir a 12 nuevos senadores. La Cámara Alta volvería a tener 50 representantes, como antes, sólo que ahora todos serían electos. 

¿Se tratará del comienzo del fin del sistema binominal? Ojalá, aunque es difícil saberlo. Hasta ahora, al menos, nadie se hace cargo de una variable que también favorece la salud de las democracias, y que tiene que ver con el tope de períodos que debiera ocupar una autoridad electa.

Ni concejales, ni alcaldes, ni diputados debieran ejercer por más de dos periodos seguidos. Los senadores, no más que uno sólo, dado que se renuevan cada 8 años, sobre todo, porque el Presidente de la República no tiene derecho a repostularse, y su ejercicio dura sólo 4 años. Más “tiraje”, más alternancia, más transparencia. Bueno por donde se mire. 

El segundo proyecto es el que establece la orden de partido, y que pretende –en líneas generales y palabras simples- que los parlamentarios de ambas cámaras disciplinen su proceder legislativo de acuerdo a los lineamientos establecidos por sus respectivas colectividades. De existir esa ley, no habría más díscolos, no al menos sin que tuvieran que pagar los costos de la independencia que esgrimen. 

Se trata de una práctica por lo demás bastante extendida en las democracias maduras del mundo, donde se asume que el parlamentario llega al Congreso a representar primero que todo a un partido, es decir, llega defender una línea ideológica que es la que, a la vez, representa a los electores que le han votado para que ocupe ese cargo.

El ministro Pérez Yoma afirma que, en la práctica, esas órdenes se dan y que la idea del proyecto es normarlas, dejando sólo fuera de esta norma los temas de índole valórico.

En principio, la práctica de establecer órdenes de partido y normarlas por ley resulta un tanto difícil de digerir. Pensándolo mejor, es hasta razonable.

Baste recordar que la promesa de campaña de todos los parlamentarios de la Concertación –incluidos los díscolos y los descolgados- fue el de trabajar lealmente por el gobierno. 

Llegaron al Congreso, entre otras cosas, porque la gente les dio su voto sobre esa convicción.

Varios de ellos hoy se sientan en las butacas de la oposición, no porque comulguen con la doctrina de la Alianza, sino porque se han convertido en adversarios políticos del pacto gobernante. No hay sanción para esa conducta. Y no resulta justo que no la haya. Nada es fácil en la vida, las decisiones políticas tampoco. Y resulta que, hoy por hoy, el legislativo es prácticamente el único espacio en que el que la hace, no la paga.

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David D.
dijo: (04/05/2008 a las 20:01)

El segundo proyecto me parece algo poco convincente y poco justificable, en el sentido de que los díscolos la verán difícil para poder salirse de sus partidos.

Supongo que la situación de los apartados que hoy están de la mano con al oposición no se fueron por una tincada personal, sino porque la misma coalición a la cual pertenecían dio atisbos de inoperancia y mediocridad en las políticas que benefician a toda la sociedad.

No creo, tampoco que haya que sancionar estas conductas, sólo porque responden a fenómenos que se asoman y demuestran que cada día hay menos trabajo concienzudo hacia la gente, tratando, en vez de eso de agruparse todos y llevar a cabo proyectos que al final son un gran dedo en la boca para todos.

En fin, creo que sacará ronchas el último proyecto.

Gracias por la información

Saludos!

Raul Castillo
dijo: (04/05/2008 a las 21:27)

Me gusta leer a los que opinan contra el sistema binominal. Obviamente que su pensamiento, en un 99%, es a favor de la democracia. Pero más me gusta el verlos quejarse que las autoridades de turno, elegidas democráticamente, no son lo que esperaban.

Yo soy aférrimo defensor del sistema binominal porque odiaría y detestaría vivir en un país bananero, tercermundista y populista.

Con respecto a los poyectos de ley, lo encuentro muy acertado. Los políticos que muestran una sonrisa, en un afiche, junto a un candidato presidencial y un logo de partido, debe ser fiel a eso siempre y no por conveniencia.
Es muy simple: si no quieres que te manden u ordenen, candidatéate como independiente.

Hay que priorizar la gobernabilidad de mi Chile. No me gustaría vivir lo que se vivió en el '73 cuando el populismo se quería apoderar de la sociedad.

Y me gusta también eso de que los parlamentarios no se puedan repetir el plato. Perpetuidad en el poder (del que la oposición actual tanto habla) no es buena. Hay que dar alternancia en el poder para que todo sea saludable. Espero que voten a favor para dar el ejemplo, sino entraríamos a analizar el siguiente circo:

El Almirante Arancibia vuelve a presentarse en la quinta costa (como independiente), a pesar que la UDI ponga a Lavín.

El presidente de RN, Sr. Larraín, se hará el tonto en el poder mientras los alcaldes (Arica) y diputados (Quilpue), que les dio a elegir a la ciudadanía, son sometidos a proceso por fraude al fisco. Cabe preguntarle al sr. Larraín: ¿Dónde quedó eso de hacer responsable a los peces grandes? ¿Usted pone los candidatos y, si éstos son delincuentes, usted se lava las manos? ¿Quién es responsable de haber puesto a estos personajes en el poder?

Lástima que la ex-ministra Provoste haya sido el conejillo de indias para ese circo político.

Me anduve desviando del tema pero tenía tiempo de ocio.

 

Saludos



Matías Rivadeneira
dijo: (04/05/2008 a las 22:36)

Hola

Respecto del binominal, si bien tiene sus vicios y sus problemas, fundamentalmente por el anquilosamiento que produce en los partidos y la falta de competitividad en el seno de las coaliciones, creo que el remedio que se propone es mucho peor que la enfermedad. En efecto, terminaría dándose el mismo problema que llevó a Romano Prodi a dimitir, luego de un gobierno caracterizado por el inmovilismo en que estaba por culpa de tener que depender de los caprichos de los partidos enanos de su coalición. Una cosa es la representatividad, pero si ésta no se conjuga con la gobernalidad, el resultado es simplemente desastrozo.

Respecto del discolaje y las órdenes de partido, te concedería toda la razón... si la única causa del voto de todos y cada uno de los electores fuera el partido al que adscriben. Pero bien sabemos que eso no es así, las razones del voto por un candidato X son tán múltiples como variables, y en esas razonezs la adscripción a determinado partido no se encuentra precisamente en los primeros lugares.

Además, las órdenes de partido encierran dos trampas mortales que no sólo terminan por prostituir la democracia, sino que además se oponen directa y necesariamente a la directriz de Bien Común que ha de guiar la actuación de los órganos del Estado, incluyendo los legislativos:

- Uno, porque son los legisladores, y no las mesas directivas ni las comisiones políticas, las que participan y conocen del procedimiento de formación legislativa. Son ellos los que adquieren por vía inmediata las razones de hecho y de derecho porn las cuales se debe adoptar un determinado proyecto. Las mesas, por mucho que formen parte en ella legisladores, simplemente omiten tal detalle. Sus "órdenes" no serían lo suficientemente informadas (en relación al conocimiento que se presume tiene el legislador), amén de que los intereses primeros de los órganos partidarios no necesariamente guardan directa relación con la representación de sus electores. En otras palabras, el capricho puede imponerse a la razón, y eso sí que es grave.

- Dos, porque sería realmente antidemocrático, contrario al Estado de Derecho y manifiestamente inconstitucional, que las decisiones pasen a ser tomadas por órganos mucho menos representativos que el parlamentario, como lo son las mesas directivas y las comisiones políticas (si es que son tomadas en cuenta). ¿Cuantos ciudadanos militan? Una mínima fracción. ¿Cuantos militantes votan por los órganos directivos de sus partidos? Una mínima fracción de esa mínima fracción. O sea, ¿los mismos 40 pelagatos que se eligen entre ellos mismos tendrían mayor poder de decisión que un parlamentario que ha sido elegido en un proceso en el que todos los ciudadanos han podido participar? Con el debido respeto, pero eso sí que es una patraña. Además, ya hoy de democracia tenemos poco, y nos encaminamos a una partitocacia oligárquica con medidas como ésta.

Y respecto de lo que dice Raul Castillo, el problema de las reelecciones indefinidas no sería problema si los parlamentarios (así como todo el que opte por un cargo de elección popular) se tuviera que ganar esa candidatura en cada elección, enfrentando procesos participativos y abiertos a la competencia interna.

Finalmente, no porque las "democracias maduras" opten por un sistema éste por sí es bueno. Cada país tiene su propia realidad, y la chilena es bastante distinta a la de cualquiera de esas "democracias maduras" (de las cuales, por lo demás, podemos cuestionar muchas formas que hacen que tales democracias sean sólo aparentes).

Raul Castillo
dijo: (05/05/2008 a las 14:41)





Mi posición fue más del punto de vista crítico y no tan personal.

Con respecto a lo tuyo, Matías, sólo ratificas la práctica política de llegar al poder utilizando como medio la reputación de algún partido político. Es eso a lo que apunta el proyecto, supongo, para cortar esta práctica de parlamentarios “independientes” una vez consumado el poder.

 

De todas formas apoyo la independencia del poder legislativo del poder político pero hay que cimentar la gobernabilidad por sobre caprichos personales. Más sobre todo en proyectos que fueron base durante la candidatura del gobierno de turno.

Se podrá discutir de todas formas, en otros escenarios, y se podrá llegar a un consenso. Nada es absoluto y nadie es dueño de la verdad...pero supongo que la democracia existe al interior de los partidos y ganará la postura que más voto obtenga.

 

Es por eso que es importante la participación ciudadana en elecciones de partidos, mal que mal son los que, a la larga, controlan el poder.

Lamentablemente la derecha chilena no está acostumbrada a la elección democrática y elige a sus dirigentes con el dedo...

Saludos

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Manuel Gallardo Fuentes, Periodista, Especializado en Comunicación Pública y Comunicación Política, siguiendo MG en Comunicación Estratégica y Marketing Corporativo.

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