
Las variables que “energizan la marca” de un candidato a alcalde se acercan mucho más al conocimiento, la honradez, la empatía y la capacidad que a una determinada ideología. Es que las personas confían mucho y esperan todavía más de sus municipios y sus alcaldes que de cualquier otro organismo del Estado.
Este artículo fue publicado en Elrepuertero.cl y en EleccionesMunicipales2008.cl.
Hemos escuchado hasta el hartazgo que los municipios son la instancia del Estado más cercanas a las personas. Se trata de un hecho objetivo. La primera puerta que golpea la comunidad cuando busca resolver un problema es, precisamente, la de su municipio, aunque las atribuciones de éste sean más bien limitadas en muchos ámbitos de la acción pública, ya sea por falta de capacidad profesional, por limitaciones legales o por carencia de recursos.
Con todo, la comunidad confía mucho y espera más de sus municipios –y especialmente de sus alcaldes- que de cualquier otro organismo público o autoridad electa, tal vez con la honrosa excepción de la Presidencia de la República.
Es quizá por este hecho que las situaciones de corrupción municipal conocidas en el último tiempo han cobrado un especial interés en los medios de información y en la opinión pública. No obstante, basta ver el apoyo que la ciudadanía ha manifestado públicamente al alcalde de Recoleta Gonzalo Cornejo para inferir que, más allá de las acusaciones, el apoyo a su gestión –y especialmente a su persona- sigue gozando de una salud más que aceptable.
Una encuesta elaborada recientemente por Giropaís señala que existe un alto conocimiento de la gente hacia sus autoridades locales.
De hecho, cerca del 80 por ciento de los consultados conoce el nombre y el apellido de su alcalde. A la inversa, el 80 por ciento señala no conocer a ninguno de los diputados de su distrito. Peor es el dato en el caso de los senadores. El 93,1 por ciento no recuerda los nombres de sus representantes en la Cámara Alta.
Pero las exigencias hacia los alcaldes también son altas. El mismo estudio indica que, mayoritariamente, la gente espera que su alcalde tenga alto conocimiento de los problemas de la comuna, que sea una persona honrada y transparente, que escuche a las personas, que resuelva los problemas en forma eficiente, que sea creíble y que tenga la formación profesional adecuada al cargo.
El atributo menos valorado es el la posición política del edil. Sólo a un 4,2 por ciento de los encuestados afirma que es importante que la autoridad comuna tenga su misma posición política. Ello no hace sino ratificar un hecho ya conocido: la intención de voto para alcaldes es, por lo general, de carácter transversal.
Es que la ciudadanía ha cambiado, afirman los entendidos. En ello influyen variables que van desde las condiciones económicas a los medios de comunicación, desde la reorganización valórica a los intereses individuales, concretos y cotidianos.
Hoy, un ciudadano que se reconoce como conservador puede apoyar a un militante progresista, así como un católico adhiere a la ley de divorcio o un empresario de izquierda puede generar riquezas jugando con las reglas del mercado.
Los votantes han perdido fidelidad por las opciones políticas. Conceptos como individuación e independencia se imponen con fuerza sobre el colectivismo.
En esta lógica –que puede gustarnos o no- las variables que “energizan la marca” de un candidato se acercan mucho más al conocimiento, la honradez, la empatía y la capacidad que a una determinada ideología.
Buen ejercicio para las elecciones municipales que se avecinan será éste de conocer las propuestas y la forma en que se nos presentarán los postulantes a las administraciones comunales del país.











