Lo primero que le piden a un asesor de comunicaciones cuando lo convocan a participar en una campaña política es una estrategia de comunicación. Lo primero que el asesor debe pedir cuando lo convocan a una campaña es la estrategia política.
A veces, esa estrategia política está claramente definida en un documento breve. No se necesita más. Otras veces, la estrategia también está clara, pero sólo en la mente del candidato y con suerte en la de algunos cercanos. En ese caso, la elaboración de la estrategia de comunicación ayuda a ordenar la estrategia política. Y en el resto de los casos, simplemente no hay estrategia política y malamente puede haber, sin esa base, una estrategia de comunicación.
En fin. Una campaña política es la forma en que un candidato sale a la calle a ganar una adhesión lo suficientemente sólida como para que se convierta en un voto y lo suficientemente amplia como para que esos votos se conviertan en un triunfo.
Y no siempre el triunfo consiste en ganar la elección. Porque en política puede que no todos ganen, pero nadie pierde. Habrá quienes quieran comenzar a figurar en el mapa, quienes no quieran desaparecer de él o quienes quieran aumentar su base de apoyo. Esos también son triunfos, y es posible definirlos cuando se conoce con claridad la realidad del entorno y las capacidades propias. En otras palabras, cuando hay una estrategia.
De cualquier modo, toda candidatura con aspiraciones debiera –al menos en lo ideal- organizar su estrategia a partir de una disyuntiva que tenga sentido para la sociedad. A esa definición los entendidos la llaman clivaje.
Un clivaje es el punto en el que se produce una división o disociación a través de la que es posible organizar ideas, argumentos y captar adhesión.
Establecer el clivaje de una campaña implica definir el lugar –relativo, por cierto- desde el cual un candidato se levanta, construye sus ideas, sus promesas y su programa y también el lugar en el que se aspira a asentar al adversario. El clivaje más popular y conocido en Chile es el del SI y el NO, dos puntos nítidos, bien diferenciados, asociados a un conjunto de atributos. Democracia versus Dictadura. Continuidad versus Cambio. Liberalismo versus Regulación. Así de simple. Así de efectivo. No siempre es tan sencillo.
A estas alturas, es legítimo preguntarse cuántos candidatos o candidatas a alcalde o alcaldesa han definido en qué lugar relativo del mundo se van a parar para comenzar a conquistar adhesiones. Cuántos han hecho el sano ejercicio de diagnosticar con realismo el escenario en que están ubicados. Cuántos, sobre esa base, han definido una estrategia que defina el rumbo a seguir. Y cuántos tienen claridad sobre la meta que desean alcalnzar.
Responder esas preguntas es crucial para el despegue, el vuelo y el aterrizaje de una campaña política. Primero preocúpese de responderlas, y sólo después, comience a pensar en los colores, las frases de radio y la gestión de prensa de su candidatura.











