
Pasada la Navidad, me procuré un tiempo de tranquilidad para leer el “decálogo para el futuro” elaborado por un grupo de políticos chilenos en las vísperas de un año electoral.
El documento provoca mucho sentido sobre temas importantes, entre ellos la salud, la educación, el medioambiente y el rol solidario del Estado, y pone en el tapete algunos de nuestros problemas más serios, como la mercantilización de la democracia, el desgaste del ejercicio político y el desinterés por el desarrollo sostenible.
Es, sin duda, un texto positivo.
Me alegra que exista capacidad para producir reflexiones sobre el presente y el futuro de Chile. Me alegra también que estos políticos estén haciendo parte de su trabajo que, precisamente, tiene que ver con promover discusiones y aportar ideas sobre el tipo de sociedad que aspiramos a ser.
Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme cuánto tiene este documento de compromiso real por el cambio y cuánto de palabrería. Siento que es una duda legítima -o cuando menos razonable- que se funda, por una parte, en haber escuchado muchos –sí, muchos- discursos de cambio que no cambiaron nada, y por otra, en la falta de confianza que me generan algunos de los firmantes del texto –díscolos se hacen llamar. Desobedientes, pero dentro de la comodidad del sistema -.
Con todo, es la reflexión más seria –si es que no la única- producida en los albores de un año electoral. Ojalá leamos y escuchemos muchas propuestas de izquierdas, de derechas, de mayorías y de minorías, pero amparadas en el compromiso y no en el discurso vano.
Porque ya no basta la oferta de un gobierno de unidad y porque el gesto conciliador y la sonrisa adecuada ya no debieran ser suficientes para ganarse el voto de la gente, es que hace falta propiciar los espacios para discutir sobre el empleo, sobre la propiedad del agua, sobre el papel del Estado en un momento de crisis económica, sobre el endeudamiento en que hemos caído la gran mayoría de los chilenos, sobre la necesidad de contar con una educación y una salud públicas de calidad, sobre la conveniencia de reformular el sistema de representación política del Legislativo, en fin, sobre temas que nos afectan en el presente y que claramente serán parte del diseño de nuestro futuro.
Para leer el texto en línea desde el sitio del diputado Ramón Farías PICA AQUI











