
La verdad es que todos los que esperan que aparezca un Obama chileno, y más aún los que creen que ya apareció, deberían leer “Los sueños de mi Padre, una historia de herencia y raza”, una autobiografía temprana que el presidente de los Estados Unidos escribió cuando tenía 33 años y todavía no iniciaba la carrera política que lo llevó a la Casa Blanca.
Nos es fácil ser negro.
Menos en un país de blancos, menos todavía si tu madre y tus abuelos son
blancos. Sobre todo si no tienes una situación económica especialmente acomodada.
Aunque vivas en Hawai. Aunque vayas a un buen colegio.
En 1994, el joven abogado
Barack Hussein Obama –Barry, pa´los amigos- ostentaba el cargo formal de
director de la revista de leyes de Harvard y el informal –pero no por ello
menor- de ser el primer negro en dirigir esa publicación. En esa calidad
desarrolló los borradores de su primer libro: “Los sueños de mi Padre, una
historia de herencia y raza”.
“Los sueños…” es un relato –al parecer bastante honesto- de un hombre joven que vive en la constante dicotomía entre Blancos y Negros y que toma conciencia acerca de la necesidad de buscar una identidad propia en medio de una sociedad que, a pesar de su desarrollo, mantiene una dura discriminación hacia aquellos que son diferentes, ya sea por el tono de la piel, la religión que profesan o los recursos económicos con que cuentan o dejan de contar.
La inesperada noticia acerca
de la muerte de su padre –a quien apenas conoció- es el punto de partida para
la narración.
En las páginas del libro está plasmada la historia de Obama desde antes de su nacimiento. En ellas describe la relación de su padre africano y su madre estadounidense, sus años en Hawai y en Indonesis, su experiencia como organizador comunitario en Chicago y su acercamiento como tal –a veces exitoso, a veces no- a la comunidad y al poder y narra detalladamente el viaje que realiza a Kenia para buscar sus propias raíces.
Este relato a veces sensible, a veces implacable, mayoritariamente claro y siempre profundo, permite conocer el escenario y el contexto que, en la práctica, permitieron configurar la personalidad de quien es hoy el líder político más observado e influyente del mundo occidental.
Sin reparos acerca de lo que es “políticamente correcto”, Obama no oculta sus contradicciones juveniles y sus momentos oscuros. No es éste un libro político en el sentido que habitualmente le damos al término. Es una historia sobre la determinación personal, sobre el valor de la raza, y sobre la importancia de la herencia identitaria en la construcción del futuro.
Y es una historia que demuestra también que Barack Obama está lejos de ser un aparecido en la política estadounidense.
Su trabajo con organizaciones durante los años 80, que relata ampliamente en el libro, conforma la base que, años más tarde, lo elegiría senador de la legislatura de Estado de Illinois (1997-2004), la que a su vez, pe permitió ingresar al Senado de los Estados Unidos entre 200 y 2008. El resto ya es historia conocida.
Solo puedo agregar dos
datos: Uno, que el libro está bien escrito y eso se agradece siempre. Dos, que
tras conocer esta autobiografía me queda bastante claro que “Obama chileno” no
hay todavía.
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