
El reciente nombramiento de la psicóloga Paula Narváez como vocera del comando de Eduardo Frei me alegra profundamente. Conozco a Paula desde hace varios años y creo que tiene sobradas capacidades para desempeñar esa y otras funciones críticas. Pero esta nota no se trata de la vocera de Frei, sino del significado de ser vocero, sus funciones y responsabilidades, a propósito de que el rol del vocero se ha puesto de moda en la conversación pública.
El diccionario nos señala
que un vocero, o vocera, es una “persona que habla en
nombre de otra, o de un grupo, institución, entidad, etc., llevando su voz y
representación”.
El vocero es, por tanto, una
de las caras visibles de la empresa, institución, comando, candidato o lo que
sea que represente.
Sin embargo, para
entender a cabalidad el rol del vocero en el contexto contemporáneo, es necesario
también hacerse una idea acerca del contexto en que éste opera.
Y ese contexto lo
proveen los medios de comunicación y la opinión pública. Sobre los medios no
creo que sea necesario abundar.
Respecto de la Opinión
Pública, tomo la definición de Raúl
Trejo, quizá no tan académica pero sí sumamente clara.
“Opinión pública puede ser considerada como la
opinión mayoritaria que un determinado grupo de personas tiene acerca de alguna
cuestión en particular (en términos periodísticos y políticos puede ser
descrita como la opinión que refleja lo que un país o una ciudad piensan sobre
un tema específico). Cuando en los medios se habla de lo que piensa la opinión
pública, se habla de lo que piensa y cree el común de las personas, aunque es
obvio que no todo el mundo piensa exactamente lo mismo”.
En términos generales, el proceso de vocería comienza con la
definición de los mensajes que una organización quiere transmitir, los que son
vertidos por el vocero a los medios de comunicación con la finalidad de generar
una opinión pública favorable a la organización que el vocero representa. Dicho
de otro modo, el trabajo del vocero consiste en incidir en la opinión pública.
Para hacerlo, claramente no basta que el vocero conozca el mensaje
y tenga una buena manera de expresarlos ante los medios.
Hoy, de un buen vocero se
espera:
Que sea creíble. Si el portavoz miente o parece
mentir, es la institución la mentirosa; si sólo niega los hechos, no aporta a
la construcción de una imagen pública saludable.
Que sea claro. Claridad a niveles pedagógicos,
sin ser elemental. Los medios ofrecen poco tiempo para exponer ideas, por ende,
estas deben ser breves y bien explicadas. Todo un desafío.
Que sea cercano: Cada vez a menos gente le agrada
que le hablen desde el pedestal del conocimiento –aunque de hecho, la audiencia
sea ignorante-. La empatía y la valoración son bastante útiles al momento de
poner un mensaje en común.
Que sea capaz de enfrentar
problemas: El mensaje del vocero no es unilateral ni incuestionable. Una
prensa sana debiera cuestionar –si tiene fundamentos para hacerlo- el mensaje
de la vocería, y esa vocería tiene que ser capaz de “salirse del libreto” para
enfrentar dichos cuestionamientos sin alejarse de la línea de lo que su organización
quiere decir.
Que comprenda el funcionamiento
de los medios: El mundo de los “media”, sus dinámicas de trabajo, los ciclos de
la noticia y las líneas editoriales que los inspiran deben convertirse en parte
del mapa genético del vocero.
Que siempre sepa de qué está
hablando: El
vocero, o vocera, debe tener acceso no
sólo a la elaboración de los contenidos que la organización quiera hacer
públicos, sino también a la mayor cantidad de información de contexto posible.
Claramente, el éxito de la gestión del vocero no depende
exclusivamente de sus atributos personales, sino también y en una proporción
importante, está vinculado a la organización, institución o persona que
represente. .
La vocería no se trata de una cuestión personal. Si el vocero
emite opiniones personales en el contexto del ejercicio de la vocería, en
realidad no está siendo buen vocero.
La
vocería funciona con disciplina de parte del conjunto de la organización. Si
otros actores hacen declaraciones públicas en un sentido distinto al del
vocero, es la organización la que debe replantearse para qué necesita un
portavoz.
Entrevista
a Paula Narváez en El Mercurio del domingo 5 de julio
Referencias académicas sobre
Opinión Pública las encuentras AQUÍ
y ACA
Muy buen artículo sobre
vocerías AQUÍ
y también ACA.
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