En el contexto de la campaña presidencial y parlamentaria en curso, uno de los puntos de interés de los medios de comunicación –y también de parte de las candidaturas de oposición al oficialismo- ha estado centrado en todas aquellas acciones que constituyan –o que parezcan- intervención electoral.
Alimento para nutrir la agenda no ha faltado. Sean cuales sean las razones, el hecho de que importantes autoridades de Gobierno aparezcan vinculadas a este tipo de acciones resulta, a todas luces, inconveniente para el desarrollo de la campaña de candidato Eduardo Frei.
El afán de dispararse en el pie se vuelve tan evidente como ilógico.
Me pregunto cuáles son las razones que llevan a personas que –se supone- tienen experiencia en la actividad política a cometer errores propios de principiantes o, peor aún, a dar muestras de cierta inconsciencia respecto de la fuerte tendencia a la fiscalización de las acciones públicas que hoy ejercen medios, partidos y ciudadanía.
Y en esta bolsa caben desde el subsecretario Aleuy hasta el recién renunciado intendente de la región de los Ríos, Iván Flores. El primero, se retira de un acto político en vehículo fiscal, el segundo baja del vehículo fiscal cargado de propaganda política de Frei.
Pasarse de la raya poco y nada aporta al éxito de una campaña política.
Ambos son personeros de gobierno cuya competencia y compromiso nadie puede poner en duda, pero que, a la hora de hacer campaña parece que no han terminado de distinguir los límites entre el trabajo y el legítimo derecho de usar sus horas libres en la campaña del abanderado de sus preferencias.
Las poco plausibles explicaciones del subsecretario Aleuy –en las que se ve involucrada la credibilidad de La Moneda- y la renuncia de Flores a la intendencia de Los Ríos son expresiones claras acerca de los costos que implican estos “descuidos”.
Así no se gana una campaña. Al menos eso creo yo.
A escribir cien veces en la pizarra: No basta con ser la mujer del César, también hay que parecer la mujer del César.
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