Dicen que Chile cambió después del terremoto. Tiendo a pensar que no cambió, sino sólo se reveló tal y cual es. Ni su Estado era tan sólido ni su sociedad tan cohesionada y solidaria.
El carácter, individual o colectivo, se revela en los momentos críticos. Y en el momento de la crisis, afloraron conductas y actitudes que nos llenaron de verguenza. Desde el saqueo a la usura, pasando por las recriminaciones, las ineficiencias y las mentiras.
Así como en los edificios se cayó el revestimiento, dejando al aire la obra gruesa, a nuestra sociedad se le cayó el estucado y quedaron a la vista sus imperfecciones y miserias.
El pueblo generoso y solidario saqueando –y no por necesidad, que nadie se muera de hambre en un día-. El pueblo emprendedor subiendo el precio del pan y de la leche y buscando negocio en la tragedia. El pueblo reconciliado pidiendo a gritos a los militares la muerte para los delincuentes. El Estado Moderno dando tumbos, intentando leer un fax pixelado, creando una organización estratégica -que, asumíamos, existía de antemano- para enfrentar la crisis. Los empresarios de la construcción evadiendo responsabilidades y justificándose con declaraciones ridículas.
El país desconectado. El país desconcertado. Y en medio, la correspondiente cruzada solidaria –para estos efectos Chile ayuda a Chile- que sirvió como salvavidas multipropósito.
La Teletón del Terremoto despertó el ánimo caritativo de una buena parte de los chilenos y ofreció una épica necesaria y urgente para movilizar voluntades en torno a la acción de ayudar.
A la par, puso sobre la mesa la jugosa oportunidad de hacernos los lesos con la vergüenza de los saqueos y la usura que estábamos cargando.
Había que reconstruir rápido la imagen positiva que los chilenos tenemos de nosotros mismos. Y en ese afán el producto comunicacional fue exitoso.
“Esto es lo que somos”, dijeron. Somos el pueblo solidario, caritativo y generoso. Sí. Eso somos, pero también somos lo otro.
También somos el pueblo torrante que no duda en robarse desde una TV hasta la comida del gato del supermercado.
También somos la sociedad irresponsable que sucumbe ante el deseo aspiracional de tener un bonito departamento en un buen barrio, sin tomar las precauciones de un seguro contra terremotos.
También somos el pueblo que elige a un empresario como Presidente pero que, a la hora del desastre, culpa al Estado de no avisar que venía el Tsunami y, a los pocos minutos, mira a ese mismo Estado con ojos de perro a la espera de ayuda.
Porque el Estado llega tarde, mal y siempre. Aunque no a todos acomode.




Periodista, Licenciado el Comunicación Social, postitulado en Comunicación Pública, ha trabajado en medios de comunicación, instituciones públicas y universidades. También ha oficiado como asesor de comunicaciones en campañas políticas.








..más que nunca me pregunto si somos malos o buenos en la escencia, pienso que en cada uno afloró su verdadero "yo", eso somos nada más.