El Presidente Piñera operando maquinaria pesada en la demolición de un hospital. El Presidente Piñera demostrando sus habilidades de jinete en la medialuna de Rancagua. El Presidente Piñera colocando vacunas contra la gripe AH1N1. El Presidente Piñera declarando que sólo los muertos y los santos no tienen conflictos de interés. Y así.
La historia se multiplica por cada aparición del presidente en los medios nacionales –y eventualmente internacionales-. Por lejos, lo más cuidado de su primer mes ha sido la puesta en escena de sus salidas a terreno.
Si uno se queda sólo con lo que ve en los medios es difícil no sorprenderse con el ritmo endemoniado que el mandatario le imprime a cada uno de sus actos.
Sin embargo, el caldo no termina de hervir. Gobernar es comunicar, pero no exclusivamente comunicar. Especialmente cuando el mensaje no está del todo claro.
Quizá porque las ideas del Presidente están más cerca de la concepción del mundo del management de Tom Peters que del conservadurismo inglés de David Cameron es que a sus performances les sobra colorido y les falta consistencia, transformando la acción de gobernar en un hecho noticioso, visible, provocativo y hasta polémico, pero con un dejo de superficialidad que aburre y preocupa.
Ha pasado ya un mes desde la asunción del nuevo presidente y el gobierno aún no termina de instalarse. El terremoto, con la debida complicidad de los medios, ha servido como excusa para justificar todo lo que no se ha hecho. Pero no es más que eso, una excusa acerca de un trabajo que el debió estar terminado el 27F.
Faltan seremis, directores regionales y por ahí hasta algún gobernador de dudoso comportamiento financiero ha tenido que cruzar en dirección a la calle la misma puerta por la que ingresó triunfante hace algunas semanas.
Me dirán –de hecho lo dicen- que hay cosas más importantes de las que preocuparse, que la reconstrucción del país es la prioridad. Ok. Pero mientras en varias regiones la Corema no puede sesionar por falta de integrantes –y en la Corema se decide el futuro de inversiones regionales importantes– en la Subsecretaría de Telecomunicaciones están más preocupados de instruir a las funcionarias de no usar jeans ni minifaldas.
La lista de casos es larga. Por de pronto, el Presidente ya demostró que podía manejar las riendas de un caballo de raza sobre la polvorienta medialuna de Rancagua. Queda por verse si esa habilidad se puede extrapolar a la conducción de un país que ha corcoveado desde el primer día de su mandato o si al contrario, como ya ocurrió con dos vecinos en Talca, el Presidente nos está vacunando a todos.
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