Nos comunicamos desde lo que somos

Y lo que somos es también el producto de lo que hemos sido y aprendido a ser. Nuestra historia define la forma en que vemos e interpretamos el mundo y, por ende, también incide en los modos en los que nos comunicamos. El investigador argentino Daniel Prieto propone la incorporación de la variable ?formación social? en los esquemas teóricos del proceso comunicativo, aludiendo a la manera en que en un determinado país ?se articulan las instancias económicas, políticas e ideológicas dentro de un modo de producción dominante y de las relaciones sociales de él derivadas?. OK, suena a discurso de izquierda. Puede que lo sea, pero apunta a un hecho real. No todos percibimos lo mismo, ni entre países, ni dentro de nuestro territorio, ni siquiera en nuestros grupos más cercanos. La pobreza no es percibida en los sectores rurales de la misma manera que en los urbanos. Y ello, necesariamente, condiciona la acción comunicativa. Dicha articulación no es ninguna manera homogénea para todo el país. No es igual el modo en que viven lo económico, político e ideológico los campesinos de América Latina, que la forma en que lo hacen sectores sociales postergados a las grandes ciudades. Una formación social ?siempre en la línea argumental de Prieto- ?tiene su historia y dentro de ella es posible analizar y entender la manera en que se consolidan las tradiciones, formas de valores y enfrentar la realidad, así como las formas de relacionarse?. En un artículo anterior, planteé que una persona ejerce simultáneamente el rol de emisor y receptor en un proceso comunicativo. A esa aseveración habría que añadir que se es emisor/receptor en situación, influenciado por múltiples tensiones sociales. Nos comunicamos en concordancia con la formación social de nuestro entorno, lo que no significa que tengamos una venda puesta sobre nuestros sentidos que nos impida reconocer otras realidades? Le robo otra aseveración a Daniel Prieto: ?El proceso de formación social permite reconocer relaciones sociales contradictorias, espacios de autonomía relativa, presencia simultánea de distintas formas de producción social... Pero siempre se es emisor en una determinada situación, aún cuando la misma contradiga, o busque contradecir de alguna manera las instancias dominantes?. El discurso de Joaquín Lavín acerca de la isla para delincuentes esta influenciado por una formación social en la que prima el castigo, la discriminación y la marginación de las ?minorías molestas? bajo parámetros que involucran la distinción entre la ?gente decente? y la que ?no es decente?, entre la que tiene derechos y la que no los tiene. Se trata de un discurso que niega la igualdad y que promueve, sin decirlo, la legitimidad de la segregación. ¿Es posible analizar esta interpretación más allá del horizonte dado por la formación social de la Derecha y sus representantes? Me inclino a pensar que sí, en la medida en que mi formación social ?que puede ser distinta a la de mi interlocutor- es igualmente válida. El truco está en ser conciente de que ese cruce de visiones genera discrepancias ideológicas y, por lo mismo, es difícil de resolver. Por añadidura, el mensaje de la isla se emite en el marco de una campaña presidencial?Ese es el contexto y da para otro artículo.
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Manuel Gallardo Fuentes, Periodista, Especializado en Comunicación Pública y Comunicación Política, siguiendo MG en Comunicación Estratégica y Marketing Corporativo.

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