(Cuento)
La repetición mental obsesiva de una canción de Kudai no me deja dormir. "Un día de paz", claman los muchachos en afinado coro que recorre mi cabeza de lado a lado. Yo también quiero paz, pienso, pero se me escapa de las manos, como si no quisiera concederme su tan anhelado toque.
Faltan 15 minutos para las 4 de la madrugada. El insomnio, una vez más, se ha festinado conmigo. Me acaricio suavemente la oreja izquierda, tal y como solía hacerlo cuando era niño para conciliar el plácido sueño de la infancia. No resulta. Quizá porque ya no soy un niño. Leo, enciendo la tele, escucho música. Nada. Solo la repetición involuntaria de la cancion de Kudai?quiero escapar?
Me levanto a tientas. Camino por el pasillo del departamento sin encender la luz. Conecto el laptop a Internet. Nada nuevo. Paseo por los foros que suelo frecuentar, reviso el correo en busca de una buena noticia, de alguna señal, de una palabra inspiradora, de una presencia que aliente al menos la posibilidad de vivir un nuevo día con esperanza. Nada. Sólo el guiño impersonal del spam, que viene con mi nombre y el anuncio de una buena nueva que se limita a la oferta de computadores baratos, Viagra barato, viajes baratos. Basura.
Una idea tan vaga como descabellada se me cruza por la mente. Un nombre con historia de amor a cuestas visita mis recuerdos. Lo tecleo en el google y, sin mayores expectativas, hago clic en buscar. Nada. Quizá lo hice mal. Repito la operación cambiando variables, entre comillas, sin comillas, con mayúsculas, con más o menos letras en el apellido, con acento, sin acento. Cero resultados.
Aventuro otra idea, agrego el nombre con historia de amor a cuestas al Chat y le añado el apellido más común. nombreconhistoriadeamoracuestas@yahoo.com. También pruebo con Gmail y Hotmail. Es que nunca se sabe. Escribo un mensaje inofensivo. Espero. Durante varios minutos no hago otra cosa que esperar. Los recuerdos de la pesadilla que espantó mi sueño horas atrás y me dejó tarareando un hit de preadolescentes parecen esfumarse. De hecho, se esfuman. Pero vuelven. Trato de no hacer caso y escribo una nueva línea en el msn. Un saludo, algo sencillo pero bien redactado, que lo cibernético no quita lo caballero. Y vuelvo a esperar. La pequeña pantalla del Chat permanece en blanco.
Un poquito más viejo que minutos antes, vuelvo a la cama y logro dormir. Y sueño, sueño con ese nombre cargado de historias de amor, de más de 700 días de encuentros y desencuentros, de camas propias y ajenas, de canciones de Sabina y de Serrano, de conversaciones largas regadas con vino y brebajes de piratas, de promesas, de oscureceres y amaneceres con vista a la caleta, de dolores ?que también los hubo-, de partidas ?que fueron inevitables- y de pérdidas ?que parecieron eternas-.
Despierto con el porfiado sonido del reloj que me recuerda que, aunque no lo quiera admitir, la vida ?a veces bien, otras mal- sigue inexorable su rumbo.
El tipo que me mira desde el otro lado del espejo no se ve nada bien. La afeitada y la ducha hacen lo que pueden, pero no son milagrosas. Será que el agua no está bendita, me convenzo. Ok. Es lo que hay.
Una camisa limpia, los zapatos lustrados, un café negro y un cigarrillo demasiado madrugador configuran mi humanidad matinal.
Busco las llaves y reparo en que el laptop sigue encendido. Me acerco a apagarlo y la sorpresa me recorre desde el nacimiento de la espalda hasta la cana que se empeña en brotar justo sobre mi frente. ?Tú siempre me sorprendes??había escrito nombreconhistoriadeamoracuestas. Lógico ?me dije en voz alta- yo soy sorprendente.
Salgo a la calle con un ánimo poco habitual para día de semana. Algo estaba empezando, o comenzando de nuevo, o continuando. No importa. Me descubro caminando calle abajo con paso ligero y sonriendo esperanzado. Después de todo, hace pocos días llegó la primavera.










