Estos han sido días deportivos. El doble triunfo de Colo Colo ?contra Gimnasia en tierras argentinas y contra la U de Chile en las canchas locales- ha sido un lubricante para el alma en una quincena en la que llovieron proyectos brujos adjudicados por Chiledeportes a dudosas organizaciones, bajo crípticas fórmulas de las cuales podemos reconocer claramente su irregularidad, cuando no su abierta ilegalidad.
Como si fuese poca la escandalera de las platas de Chiledeportes, la denuncia sobre la existencia de una fortuna de propiedad de Pinochet ?sí, otra más-, esta vez en lingotes de oro y a buen recaudo en un banco oriental, sacudió las cabezas de pelucones y pipiolos en el espectro político local.
Pero la noticia ?según dicen- resultó ser falsa y se desvaneció en el aire, casi con la misma velocidad con que Fernando Gonzalez cayó ante Federer dos veces en la misma semana.
El culpable del bochorno de los lingotes terminó siendo Alejandro Foxley ?a quien se responsabiliza de haber filtrado documentos falsos, o cuando menos de dudosa procedencia, que acreditaban la existencia del tesoro-, aunque como en la película El Gran Pez, de Tim Burton, la historia es tan descabellada que puede, incluso, ser real.
Y en medio de toda esta batahola, el gobierno bucea entre estrategias comunicacionales y afanes políticos para salir del paso, con un éxito tan cuestionable como la fugaz exhibición del coche fórmula 1 de la escudería Red Bull por las calles de Santiago.
Difícil tarea la de restituir, aunque sea mínimamente, la maltraída dignidad de Chiledeportes, y de paso elevar la imagen de la institucionalidad gubernamental entera, también comprometida en su honra gracias a este afán tan chileno de generalizar, el mismo que nos lleva a afirmar que, como Chile produjo dos santos y dos Premios Nobel de Literatura, somos un país de santos y de poetas. Siguiendo esa tendencia, y como tenemos también un par de ladrones en el aparato público, lo lógico es que el Gobierno sea corrupto. O sea, falaz.
La derecha, en tanto, se ha deleitado vapuleando al Gobierno por el escándalo de Chiledeportes y la impasse del oro pinochetista, demostrando de paso que 17 años de práctica la han vuelto extremadamente eficiente a la hora de morder la yugular del oficialismo.
Sin embargo, no pocos próceres derechistas deben haber perdido algunas horas de sueño, asaltados por la duda sobre el origen de los lingotes. No vaya a ser cosa que las barras de metal amarillo realmente existan y en sus entrañas, fundidas y refundidas, descansen las joyas que donaran generosas a la Junta de Gobierno, allá por los setenta y tantos, las buenas y santas madres de Longueira, Lavín, Larraín & Larraín y otros tantos, para financiar la reconstrucción nacional. Ese si que sería gol, incluso mejor que los de Colo Colo.
Oro y platas en (Chile) Deportes
Estos han sido días deportivos. El doble triunfo de Colo Colo ?contra Gimnasia en tierras argentinas y contra la U de Chile en las canchas locales- ha sido un lubricante para el alma en una quincena en la que llovieron proyectos brujos adjudicados por Chiledeportes a dudosas organizaciones, bajo crípticas fórmulas de las cuales podemos reconocer claramente su irregularidad, cuando no su abierta ilegalidad.
Como si fuese poca la escandalera de las platas de Chiledeportes, la denuncia sobre la existencia de una fortuna de propiedad de Pinochet ?sí, otra más-, esta vez en lingotes de oro y a buen recaudo en un banco oriental, sacudió las cabezas de pelucones y pipiolos en el espectro político local.
Pero la noticia ?según dicen- resultó ser falsa y se desvaneció en el aire, casi con la misma velocidad con que Fernando Gonzalez cayó ante Federer dos veces en la misma semana.
El culpable del bochorno de los lingotes terminó siendo Alejandro Foxley ?a quien se responsabiliza de haber filtrado documentos falsos, o cuando menos de dudosa procedencia, que acreditaban la existencia del tesoro-, aunque como en la película El Gran Pez, de Tim Burton, la historia es tan descabellada que puede, incluso, ser real.
Y en medio de toda esta batahola, el gobierno bucea entre estrategias comunicacionales y afanes políticos para salir del paso, con un éxito tan cuestionable como la fugaz exhibición del coche fórmula 1 de la escudería Red Bull por las calles de Santiago.
Difícil tarea la de restituir, aunque sea mínimamente, la maltraída dignidad de Chiledeportes, y de paso elevar la imagen de la institucionalidad gubernamental entera, también comprometida en su honra gracias a este afán tan chileno de generalizar, el mismo que nos lleva a afirmar que, como Chile produjo dos santos y dos Premios Nobel de Literatura, somos un país de santos y de poetas. Siguiendo esa tendencia, y como tenemos también un par de ladrones en el aparato público, lo lógico es que el Gobierno sea corrupto. O sea, falaz.
La derecha, en tanto, se ha deleitado vapuleando al Gobierno por el escándalo de Chiledeportes y la impasse del oro pinochetista, demostrando de paso que 17 años de práctica la han vuelto extremadamente eficiente a la hora de morder la yugular del oficialismo.
Sin embargo, no pocos próceres derechistas deben haber perdido algunas horas de sueño, asaltados por la duda sobre el origen de los lingotes. No vaya a ser cosa que las barras de metal amarillo realmente existan y en sus entrañas, fundidas y refundidas, descansen las joyas que donaran generosas a la Junta de Gobierno, allá por los setenta y tantos, las buenas y santas madres de Longueira, Lavín, Larraín & Larraín y otros tantos, para financiar la reconstrucción nacional. Ese si que sería gol, incluso mejor que los de Colo Colo.
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Manuel Gallardo Fuentes, Periodista, Especializado en Comunicación Pública y Comunicación Política, siguiendo MG en Comunicación Estratégica y Marketing Corporativo.
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Te cuento que ahora vivo en Villarrica, en diciembre comienza un nuevo diario "La Estrella del lago" sólo para la zona lacustre así que a trabajar para que funcione.
La vida me sigue sonriendo y la verdad es que estoy muy agradecida de Puerto Montt sobre todo del alcalde a quien mándale saludos de mi parte.
Ya Manuel besos y abrazos a la distancia.