A dos años de su muerte, Palestina sigue llorando a Arafat
Por estos días, el pueblo palestino conmemora el segundo aniversario de la muerte de Yasser Arafat. Señala la prensa que más de 30 mil personas se congregaron e la Mukata, -sede gubernamental de Ramala, para rendir honores a quien encarnara, por varias décadas, el espíritu combatiente del nacionalismo palestino.
La paciencia es la llave de la felicidad, suelen decir en medio oriente. Una afirmación que no deja de ser paradójica en un territorio que lleva ya 6 décadas en guerra y habitado por pueblos que cargan sobre sus espaldas varios siglos años de conflicto sobre las áridas planicies de la llamada tierra prometida. Pueblos físicamente cercanos, pero absolutamente distanciados en sus formas de pensar el mundo y entender la fe.
Nacido como Muhammad `Abd ar-Raouf al-Qudwa al-Husseini. También conocido como Abu Ammar. Yasser Arafat fue para muchos, un terrorista, y para tantos más, un Héroe. En cualquier caso, La historia de su vida resulta determinante para intentar comprender el complejo panorama de la nación palestina.
La figura de Arafat fue clave en la segunda mitad del siglo 20 para dar continuidad a los propósitos palestinos de construir un Estado independiente, primero a través de acciones de guerra y luego por la vía política. Su figura se hizo conocida en la década de los 40, liderando movimientos armados para combatir al naciente estado de Israel. Su fama de terrorista la heredó en esa época, aunque el tiempo y los hechos le hicieron tomar el camino de la negociación como vía única para alcanzar una solución.
?La visión palestina de la paz consiste en un Estado palestino independiente y viable en los territorios ocupados por Israel en 1967, en la convivencia con Israel en términos de igualdad, y en la paz y la seguridad para los pueblos israelí y palestino?, sostenía el propio Arafat en un documento escrito por su puño y letra durante el año 2001.
Pretensiones sencillas para muchos, pero complejas de materializar en medio del escenario histórico que se ha construido en medio oriente y donde las discrepancias ideológicas no soportan resoluciones lógicas. De hecho, en este escenario, los palestinos sólo pueden poner sobre la mesa de negociaciones su voluntad, el resto está en manos de Israel. Y los descendientes del rey David pocas cosas les interesan menos que una Palestina fortalecida.
El empinado camino a la paz pareció transformarse en un quieto sendero el día en que Yasser Arafat y el jefe del Ejecutivo israelí Isaac Rabin estrecharon breve y firmemente sus manos tras la firma de un acuerdo histórico de autonomía para Jaza y Jericó en 1994 y en el cual se sentaban las bases para lo que sería la autonomía palestina. Ese mismo año, y producto de este hecho, Arafat y Rabín, junto a Simon Peres, en ese entonces primer ministro israelí, recibieron el premio Nobel de la Paz.
El celebrado logro duraría apenas poco más que un espejismo en las arenosas tierras del oriente medio. En noviembre de ese mismo año, un joven israelí, integrante de una comunidad ultraortodoxa, asesinaba Rabin en plena calle, y se cobraba a tiros de pistola lo que muchos consideraron una traición a Israel.
En los años siguientes en conflicto se agudizó por múltiples motivos. El Gobierno de Estados Unidos y el primer ministro israelí Ehud Barak boicotearon a Arafat con el fracaso de la Conferencia de Paz del año 2000 y la revuelta independentista palestina, que dio pie una segunda intifada -la primera se registró en 1988- que cobró cientos de víctimas.
La agencia EFE informa que, en el acto de homenaje a Arafat, su sucesor, Mahmud Abás, aseguró que el nuevo gobierno de unidad nacional estará constituido "hacia fin de mes", y garantizará el levantamiento del boicot internacional. Sin embargo, la opinión no es unánime. El sobrino de Arafat, Naser al Kidwa lo expresó públicamente al señalar ante la multitud reunida en la Mukata la falta que hace el carismático líder de OLP.: "Arafat `cuánto te echamos de menos, te echamos de menos por la situación que vivimos y seguiremos echándote de menos pues la situación empeorará!".
A dos años del deceso de Arafat, Palestina sigue llorando su pérdida y preguntándose cuáles fueron las reales razones de su muerte, al tiempo que se prepara para pasar otra Navidad sin paz. Una vez más, esa Paz pasará por alto los territorios donde se afirma nació el Hijo de Dios. Las dudas persisten. El miedo y la muerte también.
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Manuel Gallardo Fuentes, Periodista, Especializado en Comunicación Pública y Comunicación Política, siguiendo MG en Comunicación Estratégica y Marketing Corporativo.
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