Bitácora del Capitán Spiff. Paris. 29 de noviembre 00.26 horas. El cambio de huso horario me impide dormir temprano. Leo en la prensa sobre los desmanes en barrios marginales parisinos tras la muerte de dos jóvenes inmigrantes.
Cerca de 60 policías heridos anoche. Una señora reclama por la TV sobre la falta de seguridad. Ya no hay certezas, afirma.
Tal vez aún no comenzamos a notarlo siquiera. Pero las cosas cambiaron, están cambiando y seguirán cambiando.
Hay que estar preparados. Nos dicen ¿Y cómo? ¿Si nunca nos enseñaron a vivir en la incertidumbre? Siempre hemos relacionado la falta de certezas con el precario equilibrio de la inseguridad, la carencia de respuestas y el miedo.
Nunca me dijeron cómo caminar sobre arenas movedizas. Tengo claro que hay que aprender a hacerlo. El tiempo de la incertidumbre se nos vino encima sin avisar. Los pregoneros del cambio no se dieron ni cuenta.
Vivimos en la incertidumbre. Es cosa de ver nuestras finanzas. Sucede con la economía, que mueve al mundo.
También debería afectar al conjunto de prácticas sociales. Las cosas ya no son estables. Cambian con velocidad, para bien o para mal. Los cambios traen consecuencias. Y por lo general no estamos en condiciones para hacernos cargo de esas consecuencias.
Hay incertidumbre en la economía, en la política y en los valores de la sociedad. Nada es bueno ni malo. Nada blanco o negro. Es la hora de los matices. Puntos sin duda críticos para los chilenos, que le rendimos culto a la plata, a la autoridad y a la moral.
Ja. El cambio llegó! Pero lo traían otros. Las certezas del siglo pasado, esas de la casa propia, la libreta de ahorro, el amor eterno, el matrimonio bien avenido y la carrera funcionaria, quedaron atrás.
Hoy es otro tiempo.
El de la píldora del día después, el del bacheletismo aliancista y del lavinsimo concertacionista, el de las consultorías, el del emprendimiento personal, el de la individuación, el de la búsqueda de bienestar a través del consumo. El de la carrera por el estatus y la identidad comprada en la multitienda de la esquina.
¿Sobreviremos a bordo de esta arca en la que, claramente, no cabemos todos?










