Primero fue curiosidad. Un grupo de ciudadanos conservadores y creyentes llamando a una marcha por los valores y la familia. Allá ellos, pensé. Pintoresco. Luego, comenzó la polémica y florecieron los argumentos. La curiosidad mutó en molestia.
Leo en la red que los organizadores –autodenominados Muévete Chile y Transforma Chile- sostienen que la marcha “es a favor de la familia y el matrimonio entre un hombre y una mujer”. Me entero que insisten en que “no es una marcha anti gay ni anti homosexuales”.
“Nosotros no tenemos nada contra ellos” dice Salvador Salazar, uno de los voceros de la manifestación.
Nada, salvo el hecho de que a sus ojos una unión homosexual no puede ser validada a través de la institución del matrimonio. Tampoco esa unión puede ser, desde ese punto de vista, aceptada como familia.
Poco presentable la postura. Impositiva y pobre en argumentos. Y como si no fuera suficiente, se explayan en una cátedra que mezcla lo terrenal con lo divino.
“Dios no acepta a los homosexuales”, dice otro iluminado seguidor del movimiento pro-familia. Simple. Basta con no creer en Dios para no tener el deber de seguir sus preceptos.
Retomo a Salazar. Explica que la que familia sólo puede concebirse cómo la unión heterosexual basada en el amor. “La mamá con un hijo es una forma familiar, pero le falta un pedacito, le faltará el papá, lamentablemente”.
Ya no es sólo contra los homosexuales la cosa. También va contra los heterosexuales que no vivimos bajo el paradigma de Susanita, la amiga de Mafalda que soñaba casarse con un militar y tener muchos hijitos médicos y abogados.
“Forma familiar”. Parece que no se han enterado que en Chile el 60% de los niños nacen fuera del matrimonio, que el porcentaje de abandono paterno es alto y más alto todavía el de mujeres jefas de hogar que cumplen, en una gran mayoría con éxito, las labores de padre y madre.
Tampoco parecen asumir que los mayores índices de violencia intrafamiliar –física,sicológica, sexual, económica y de lo que se pueda imaginar- se dan precisamente dentro de matrimonios “bien constituidos”.
Y a mayor abundamiento adoptan actitud de víctimas.
¿Desde cuándo defender la familia se convirtió en un acto discriminatorio? se preguntan.
Pues bien, se vuelve discriminatorio desde el momento en que un grupo establece que Familia es un núcleo compuesto por una madre y un padre heterosexuales unidos en matrimonio –consagrado por la Ley de Dios y la de los hombres-, con hijos también heterosexuales, restando con ello legitimidad a cualquier otro tipo de unión o relación.
Y como yo me crié al alero de una “forma familiar” compuesta por una madre, una abuela y un hermano, no puedo sino sentirme discriminado a la sombra de esa brutal definición.
No acepto ni su menosprecio a mi familia ni su lástima ante la falta de un padre.
No se lo acepto ni a Salvador Salazar como persona natural ni a la horda conservadora que se siente con la autoridad de dictar en nombre de Dios, la tradición, la moral y las buenas costumbres, normas de comportamiento a la sociedad entera al alero de organizaciones de fachada que pretenden “transformar” Chile sin entender que las cosas cambiaron, están cambiando y van a seguir cambiando.
Que marchen. Que griten. Que canten y bailen. Que invoquen su superioridad moral. Pero que no se metan con mi familia, ni ellos, ni el padre que los engendró ni la madre que los parió.












También tuve curiosidad cuando vi lo de Frez y luego empezaron en facebook los que dicen que se los discrimina y reclamando la democracia para expresarse. Lo que no entienden es que estamos hablando de derechos civiles, de un avance sustancial en el reconocimiento de nuestra sociedad tal y como cada día lo viven esos a los que ellos no quieren ver.
Muy buen texto, como siempre. Saludos!
Muy certera opinión Manuel. El espíritu conservador campea en nuestra sociedad. Tradición, Patria y Familia del Fiducia de los seudo monjes caballeros medioevales, son principios esgrimidos por diversos movimientos que siguen sus aguas.
Y generalmente conformados por personas ingenuas, ignorantes, clasistas que en tiempos de conflicto, suelen organizarse en movimientos beligerantes y peligrosos para la convivencia social. Por lo que opiniones lúcidas como la que expones, ayudan a quienes las leemos a contextualizar el riesgo que organizaciones en apariencia de "buenas personas", como Muévete Chile, significan para el desarrollo humanista y democrático del país.
Un abrazo,
Carlos.