Primero fue curiosidad. Un grupo de ciudadanos conservadores y creyentes llamando a una marcha por los valores y la familia. Allá ellos, pensé. Pintoresco. Luego, comenzó la polémica y florecieron los argumentos. La curiosidad mutó en molestia.
Leo en la red que los organizadores –autodenominados Muévete Chile y Transforma Chile- sostienen que la marcha “es a favor de la familia y el matrimonio entre un hombre y una mujer”. Me entero que insisten en que “no es una marcha anti gay ni anti homosexuales”.
“Nosotros no tenemos nada contra ellos” dice Salvador Salazar, uno de los voceros de la manifestación.
Nada, salvo el hecho de que a sus ojos una unión homosexual no puede ser validada a través de la institución del matrimonio. Tampoco esa unión puede ser, desde ese punto de vista, aceptada como familia.
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